lunes, 21 de septiembre de 2009

A mi no me pegaba, cuando el maltrato no lo ves (IV)

Volvimos a echar la solicitud para unas viviendas de protección oficial que se iban a construir en una zona más o menos céntrica, lo hicimos como futuro matrimonio y esa vez sí salió nuestro número. Empezó otro calvario.

A todo esto llevábamos casi 3 años juntos y todavía no conocía a sus padres ni había ido a su casa, yo le preguntaba y me respondía que eran muchos de familia (él es el 6º de 7 hermanos 5 chicos y dos chicas), que si su familia no es de muchas tradiciones…, todo mentira la razón era que se sentía avergonzado de mí y no tardó en demostrarlo aunque me lo negara: “Todo ocurrió cuando su hermana casi dos años mayor que él tenía que ir a Toledo a examinarse de las oposiciones no quería conducir ni ir unos días antes, así que él se ofreció a llevarla y me dijo que si les acompañaba, le dije que sí y la tarde anterior, antes de dejarme en casa empieza a dar vueltas con el coche y le pregunto:_ ¿Qué haces? ¿Por qué tanta vuelta? Y me responde:_ estoy viendo donde te puedo recoger mañana porque no voy a venir a tu calle con mi hermana, para recogerte, no quiero que sepa donde vives, me cayó como una jarra de agua fría más que fría congelada, no sabía qué decir me había pasado tantas veces pero con personas desconocidas de las que me daba igual lo que pensaran, contra ellas sí tenía armas pero contra él ninguna, te preguntas cómo la persona que dice que te quiere o que quiere vivir contigo, compartir su vida puede darte esa puñalada trapera, estaba ya tan cansada, había asumido que tenía razón que fui yo la que le dije donde podía recogerme, en vez de mandarlo a tomar viento o simplemente decir que no, pero no pude, no supe, no se…

Después de la felicidad de conseguir la casa, empieza el martirio de la cuestión económica, ninguno de los dos teníamos trabajo fijo, aunque él suyo era más estable que el mío puesto que estaba en una buena posición en una bolsa de la administración y no dejaban de ofrecerle contratos. Primer dardo: “_Loly, tu contrato se termina y no sabes si conseguirás otro trabajo, en mi casa me han dicho que a mí me avalan pero claro a ti no; _ Normal no me conocen de nada pero no te preocupes que mi familia no es así, porque con tal de no perder la oportunidad de tener una casa nos avalarían a los dos”. Fin de la conversación

Conseguimos el préstamo hipotecario sin necesidad de que nos avalaran, así pasó el tiempo esperando que terminaran la obra y haciendo planes para cuando nos dieran las llaves.

Las alegría que tenía un día por tener una casa se disipaban al siguiente por algún comentario suyo, era una situación angustiosa un no disfrutar de las cosas, yo no paraba, había encontrado un nuevo trabajo, estudiaba e iba sacando mis asignaturas y parecía que no hacía nada, ningún esfuerzo lo era para él, nunca estaba satisfecho, me atormentaba con sus exigencias, sus excentricidades…

Con más pena que gloria nos vamos a vivir junto, el primer año un infierno, parece mentira lo que se supone que debe ser como una luna de mil pues no un puñetero infierno, todo lo que hacía me lo criticaba de forma destructiva, hiriente, nada hacía bien (excepto cocinar), todo el peso de las tareas de la casa me tocó a mí, no daba un palo al agua, yo trabajaba, estudiaba y llevaba mi casa, terminaba agotada, sin ganas de verme y para colmo tenía que aguantar sus paranoias. No podía hablar con él, porque no me escuchaba, me sentía hablando con una pared él tenía sus planteamientos y a los míos no les daba ningún valor, me desacreditaba, ya no tenía casi vida social la había pospuesto por él, mis amigas seguían llamándome pero también se cansaron de tanta negativa, aunque siempre han estado ahí. Me espiaba el móvil y en una ocasión contestó a un mensaje que me mandó un compañero de trabajo con el que me llevaba muy bien, pensaba que quería liarse conmigo pero él no sabía que era gay, fue muy grosero porque me enseñó el mensaje, me puse echa una fiera le dije que cómo se atrevía hacer algo así qué quién se pensaba que era, al final ni una disculpa, hacía tiempo que no se disculpaba, que no era cariñoso conmigo, que no íbamos cogidos de la mano por la calle, fue ir a vivir con él y ya no supe qué era tomar unas copas en un bar ya no salíamos, si lo hacíamos era a pasar el día fuera, al campo, algún pueblo pero nada más.

No podía traer amigas a casa y si lo hacía él o no estaba o ni se dignaba a saludarlas se iba a la habitación de estudio con el ordenador hasta que se iban, sin embargo su amigo de Madrid sí disfrutaba de mi casa de mis comidas de mi hospitalidad, porque yo no puedo tratar mal a una persona por poco que la conozca si no me ha hecho nada.

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