sábado, 20 de febrero de 2010

Mitos del amor romántico: matrimonio o convivencia

Creer que el deseo romántico-sexual debe culminar en una unión estable, es otro cuento más. Casarse o emparejarse, no es como comprar una lavadora o cualquier producto que tenga una garantía. El matrimonio no asegura un futuro juntos, ni tampoco asegura la felicidad. Además esta creencia tradicional marca, sobre todo en las chicas, la vivencia del matrimonio como una de las pocas experiencias significativas y de realización.

Lo ideal es casarse enamorado y lo clásico es que después de contraer matrimonio se dé paso a la maravillosa Luna de Miel donde todo es bonito, relajado, idílico, de novela romántica. Pero no se puede pretender que eso se prolongue para siempre. Hay que intentar vivir el presente, amarse en el hoy y trabajar en ello, de pensar lo contrario, una podría llevarse una gran decepción.

Llega un momento en casi todas las relaciones de pareja, en la que la rutina y el aburrimiento te supera. En cada caso el tiempo de duración es variable, unos aguantan muy bien el primer año y sorprendentemente otras parejas aguantan más años, pero al final siempre llega. Como ya sabemos la convivencia es muy dura y lo que al principio nos parecían gestos graciosos y de dependencia, se converten con el tiempo en muy molestos, incluso agobiantes.

El matrimonio no cambia a la gente: Muchos suelen decir que las personas cambian cuando se casan, como si firmar ese papel produjera una especie de transformación en la personalidad. Lo cierto es que podemos madurar, crecer y evolucionar, pero es muy distinto asegurar que se ha cambiado y no es el mismo de antes. Si una mujer es novia de un hombre infiel o muy celoso, él va a seguir siendo igual con o sin anillo, si es que no hay por parte de él una verdadera reflexión en torno a esos comportamientos.

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