martes, 16 de marzo de 2010

El encuentro con el maltratador. Tres tiempos: Ver, comprender y concluir. VER

Luna llena: Un primer tiempo sería el del establecimiento de la relación, producto de una
colusión: “él me va a dar aquello de lo que deseo, necesito y me hará feliz: una nueva imagen ,de mí misma, valorada y valorable; y la prueba de su amor es su plena dedicación a mi persona”. Años más tarde, habrá otra versión: “Nadie se había preocupado tanto de mí como él lo hacía cuando fuimos novios. Pero luego, al nacer el niño, todo fue muy distinto, se acabaron las atenciones y llegaron sus amenazas”.

Es el tiempo del conocimiento mutuo, más bien, de malos entendidos, porque él no se muestra tal y como es y ella no ve más allá de lo que le muestra. Cada uno asegura haber encontrado lo que necesita desesperadamente. Las proyecciones son intensas, como en cualquier relación amorosa, y el espejismo narcisista colma expectativas. Las de ella tienen que ver con ser -¡por fin!- entendida, cuidada, protegida, es decir, alguien en quien confiar.

Lo que se ve es más lo que se necesita ver que lo que hay. Sólo suele verse la apariencia, la imagen que oculta otras carencias, pero que ofrece una impresión de seguridad, fuerza, decisión, valentía. Suelen ser atributos del estereotipo de la masculinidad. Precisamente todo lo que le “falta”, y todo lo que cree que le dará bienestar y seguridad. Se encuentra en un estado de “luna llena”: plena, dichosa, reluciente.

El maltratador se coloca en posición de Yo Ideal, narcisista omnipotente; ella queda embelesada por esta posición.

Es el momento de la alienación subjetiva: creerse el discurso del otro, ponerse a su servicio, renunciar a su propia identidad. Es precisamente “la mujer” que el hombre maltratador quiere poseer, y que, para lograrlo, tendrá que dominar. Así, pues, es el momento, para cada uno de los dos, de ver lo que no hay, del ilusionismo contrario a las ilusiones, del espejismo opuesto a la relación especular; es el momento de “las trampas del amor”. En estas trampas hay más palabras que hechos: el maltratador le dice que la quiere sin límites, en exclusividad, que tiene el privilegio de ser amada como ninguna otra mujer. Son ofrendas a cambio de someterse, de esclavizarse, de renunciar a su libertad y autonomía.
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Fuente: (ASPECTOS TEÓRICO- CLÍNICOS DEL MALTRATO A LA MUJER de Regina Bayo-Borràs, Psicóloga Clínica-Psicoanalista)

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