miércoles, 17 de marzo de 2010

El encuentro con el maltratador. Tres tiempos: Ver, comprender y concluir. COMPRENDER

“Cuarto menguante”. Partinedo que la estabilidad emocional de la mujer que va a sufrir malos tratos es frágil, y establecerá un vínculo amoroso de mucha dependencia. Una vez se siente “la pareja de” (novia, esposa, amante), ella ha tragado el anzuelo: cree que ha encontrado la base para desarrollarse como persona. Desde este soporte emocional, puede desear tener un hijo, o ponerse a trabajar, o implicarse en asuntos sociales, y desplegar otras capacidades y recursos. Pero cualquier manifestación de autonomía física o psíquica van a ponerla en peligro: pasar de estar en una posición de sumisión y dependencia a otra de expresión manifiesta de sus deseos no va a ser tolerado sin consecuencias.

Pasar de estar en posición de “objeto” a posición de sujeto es un cambio subjetivo que afirma su identidad, su posición deseante, su capacidad de establecer vínculos amorosos con otras personas: hijo, amigas, trabajo, vínculos llenos de gratificaciones y de sentido para ella. A partir de ahí, empieza a ser una mujer en riesgo, aunque ella no sea todavía consciente. Sólo se da cuenta de que su pareja le pone trabas para todo, luego hay muchos inconvenientes que sortear, más tarde, él le reclama más atención, y le reprocha que lo deje abandonado. Por eso se le hace difícil pensar por sí misma, tener opinión, tomar decisiones.

Empiezan a invertirse los papeles. De ser ella la que está en el lugar de mujer necesitada (de su amor y valoración), ha pasado a ser él quien se siente un hombre necesitado: ¡ella lo comprende tan bien! ¡Él lo vive tan mal! ¡Cómo no lo va entender y comprender si a ella le pasaba lo mismo cuando él se ocupaba de su trabajo, de sus amigos, de sus viajes, etc., y se quedaba horas en casa esperando su regreso! Pero ahora la cosa es distinta. Lo que ahora es diferente es que él se lo toma muy mal: su independencia su rebelión, sus protestas, las vive como ataques personales, a su dedicación por ella. Empieza la espiral de violencia: los reproches, las acusaciones, las agresiones físicas y verbales, los arrepentimientos, el perdón, la reconciliación, y vuelta a empezar. Comienza “el cuarto menguante, y la luna de hiel”.
En este segundo tiempo ella “comprende” que algo va mal. Cada vez está más asustada, más cansada, más dolorida. Somatizaciones diversas la aquejan, la espalda, la cabeza, las extremidades. Cada vez es más difícil conciliar el sueño, el insomnio es pertinaz, siempre en situación de alerta por temor al arrebato de furia, de celos, de ira. Puede comprender que ella no está bien, porque tiene ansiedad difusa, luego ataques de angustia, o explosiones de llanto. Si hay algo que “comprende” es que no se siente comprendida. Ya no hay armonía ni alegría en el encuentro mutuo. Ella lo teme, lo evita, se esconde, da excusas, dice mentiras o no toda la verdad, está agazapada en una versión diminuta de su vida. Empieza a convertirse en la metáfora de un “pie de china”. Se aísla de su propia familia, de las amigas, no les explica lo que está pasando porque todavía no sabe cómo explicarlo, cree que le traicionaría acusándolo de “pequeñas tonterías del día a día”. Está identificada con el agresor.

Esta situación va generando un estado de alerta permanente, que tiene que ver con una angustia real. Es un estado traumático, que agota sus energías paulatinamente, entra en un estado de letargo. Aturdida, bloqueada, pierde su capacidad de pensar, inhibe y paraliza reacciones de defensa y protección: se van inhibiendo y reduciendo sus capacidades yoicas. Empieza a ser una mujer en estado “menguante”. Es la indefensión aprendida. La reducción y merma de sus capacidades se va profundizando: “no sabe lo que le pasa”, aunque sabe que algo va mal. No puede relatar lo que le sucede, no puede asociar la violencia psicológica con sus síntomas. Cree que es tonta, inútil, que no hay remedio para su torpeza o su inestabilidad emocional. Empieza a culpabilizarse. Entra en el estado de “indignidad melancólica”. Pierde el deseo sexual, ya no tiene ganas de arreglarse, ya no queda nada de la sensación de plenitud. Vuelve a la oscuridad. Abundan los autorreproches, pueden aparecer también ideas suicidas. Ella comienza a creer que no se merece otra cosa mejor porque ya no tiene ganas de complacerle, de hacer el amor, de seguir a su lado. Es un momento muy difícil: acuden a los médicos, testigos privilegiados del malestar y sufrimiento que está viviendo. Pero sigue presa en las redes del desamor.

Para “comprender” que está perdiendo lo que le queda de su propia autonomía personal, incluso de su propia integridad vital, se requiere la presencia y participación de terceros. Alguien ha de venir a mostrarle que ella ya no es la misma de antes, que está muy desmejorada, que se la ve triste y preocupada. No es necesario incluir como causa de este cambio a su pareja, pues ella lo defenderá y no aceptará ningún comentario sobre la marcha de su relación. “Todo va bien, como siempre”. La negación es la primera y más rotunda defensa de la relación de maltrato. La banalización de la situación es otra protección para no entrar en los detalles de la dinámica relacional. “Hay día buenos, hay días malos”.
Lo que puede definir más fielmente el maltrato psicológico es que consiste en la anulación de la subjetividad de la víctima. Los medios más eficaces son la humillación y la culpabilización sistemática, reiterada, permanente. Esta estrategia destructiva es lo que caracteriza la actitud general del agresor. Este la domina a través de la desvalorización (no sirves para nada), la controla humillándola en público y en privado (no entiendes de estas cosas, mejor estás calladita), la somete angustiándola (mira que te doy). La convence de que todos los problemas son por su culpa, y los errores corren por su cuenta (si me hubieras hecho caso). A la descalificación, humillación, culpabilidad se suman los insultos, las burlas, la coerción, las críticas, los desprecios, los chantajes, los silencios, las amenazas, (como vuelvas a decir o hacer esto, ya verás). A veces basta una mirada, un gesto. La finalidad es el aislamiento afectivo, económico y social.
...
Fuente: (ASPECTOS TEÓRICO- CLÍNICOS DEL MALTRATO A LA MUJER de Regina Bayo-Borràs, Psicóloga Clínica-Psicoanalista)

No hay comentarios:

Publicar un comentario