lunes, 5 de abril de 2010

Juegos de dominación

En el mundo de la pareja se producen en numerosas ocasiones juegos de dominación en los que cada miembro adopta un papel diferente y agarra al otro con distintas armas de manipulación. La relación se convierte en un campo de batalla donde ambos luchan para controlar la situación o reivindicar su punto de vista. Otras veces existe una clara jerarquía de poder y uno de los dos decide e impone, mientras que el otro acata sus órdenes.

Las luchas de poder sólo son posibles cuando hay dos bandos enfrentados e, igualmente, para que alguien se imponga en una relación es preciso que haya otra persona que lo acepte. En muchos casos se trata de un encaje de necesidades. Así como uno necesita dominar para sentirse más seguro, el otro acepta someterse como un modo de delegar responsabilidades o incluso de mantener la relación.

El chantaje emocional puede adoptar diferentes formas. La clave está en provocar una mezcla de miedo, obligación y culpa para que la pareja acabe sucumbiendo a las propias expectativas.

Para ello se pueden emplear estrategias tan diversas como:

  • El castigo: Se amenaza, de manera directa o implícita, que si no se realiza lo que uno desea habrá que atenerse a consecuencias negativas. Por ejemplo: “Si no vienes hoy conmigo, no esperes que mañana te acompañe”
  • El autocastigo: En este caso la amenaza va dirigida a dañarse a uno mismo para hacer sentir culpable al otro. “Si tú no me quieres la vida no tiene sentido para mí, así que me abandonaré”.
  • Las promesas: Se ofrecen promesas maravillosas a cambio de que se acate la propia voluntad, pero casi nunca se cumplen. “Si sigues conmigo te prometo que cambiaré y que seremos felices”.
  • El silencio: Supone una manera fría de mostrar enfado, en que el otro siente que sólo si cede logrará mejorar el clima relacional.
  • Hacerse la víctima: Es una exigencia disfrazada de sentimientos de lástima y culpabilidad. Como, por ejemplo: “Si no vienes a verme estaré todo el día solo”.
  • Dar para recibir: En ocasiones dar u ofrecer cosas se utiliza para atar a la otra persona. “Dado que te ayudé ahora merezco algo a cambio”.

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