martes, 28 de septiembre de 2010

"Vampiros emocionales"

Vampiros o vampiras emocionales, devoradores de energía, chupa almas..., da igual como les llamemos están entre nosotros, disfrazados como gente normal, puede ser ese vecino cálido y cordial, esa compañera de trabajo que te da repelús pero no sabes porqué, o ese chico simpático que has conocido por Internet.

No buscan nuestra sangre, sino nuestra energía emocional, tienen el poder de exasperarnos, de ipnotizarnos de obnubilarnos la mente con promesas falsas, hasta enredarnos, para luego vaciarnos.

Al principio parecen mejores que las personas corrientes. Son brillantes, encantadores, caen bien, nos transmiten confianza y esperamos de ellos más que del resto. Todo fachada, un espejismo, esperamos, esperamos y nada recibimos o muy poco y así nos pasamos la vida junto a ellos esperando algo que nunca llegará.

Carecen de escrúpulos para aprovecharse de nuestros esfuerzos, dinero, amor, atención, admiración, cuerpo o alma y nos utilizarán para satisfacer cualquier necesidad que experimenten en ese momento. Cuando se nos ofrecen para ayudarnos, para darnos algo, hacernos un favor..., por lo general ocultan el motivo que les impulsa a ello, les falta integridad y tienen muy poca idea de quién o qué son en realidad, se sienten confusos con su propia identidad, sólo saben qué quieren.

Cuanto más tiempo compartimos con ellos, mayor es el daño que nos provocan a nuestra autoestima, a nuestro ánimo, hasta el punto de vernos insignificantes, de sentirnos muy poca cosa.

Nadie mejor que nosotros para saber si estamos siendo anulados por uno de estos psicópatas bienintencionados. No es ninguna tontería analizar nuestras relaciones personales y comprobar si tenemos alguno de estos bichos entre nuestras amistades o familiares. Si alguien no para de exigirte hasta la saciedad y no te aporta nada, no te da nada, salvo mal sabor de boca, malestar y tristeza, no duda en chantagerate emocionalmente siempre que puede y va como víctima desvalida, no lo dudes, es uno de ellos y lo único que conseguirás es que te amargue la vida.
Fuente: "Vampiros emocionales" de J. Bernstein

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