miércoles, 7 de noviembre de 2012

7 PASOS PARA SUPERAR EL MALTRATO PSICOLÓGICO (II)

Tercera fase: Minimizar el daño.

Una vez que la víctima sabe inducir y mantener la calma, pronto descubre que sus procesos mentales son más eficaces y que percibe con más claridad la naturaleza de sus problemas. Es frecuente que la ansiedad se disuelva y que soluciones apropiadas se hagan evidentes con toda facilidad. El miedo paraliza la iniciativa y la ira oscurece el razonamiento. Una mente serena percibe mejor las causas y las consecuencias de cada situación. Pero muchas veces esto no es suficiente. Entonces es necesario iniciar la tercera fase de la psicoterapia secuencial integrada, “minimizar el daño”
Defino como “daño” al sufrimiento provocado por un agente externo que no está bajo el control del individuo que lo sufre. Si ésta es la situación, ha de ser aceptada, pero en su justa medida, sin exagerarla ni permitir que destruya la integridad personal.
 
Dos errores extremos son posibles en este momento: Uno es negar el daño, pretender que no existe, o que carece de importancia. El otro es dejarse arrastrar por el sufrimiento, lamentarse, enfadarse con uno mismo y con el mundo, desmoralizarse, interiorizar la experiencia de ataque y sentirse fracasado.
 
Minimizar el daño consiste en mantener las cosas en su punto, sin negarlas ni empeorarlas con reacciones autodestructivas. Aquí viene muy bien mantener la calma, porque en ese estado mental es posible distinguir la parte de sufrimiento creada por las circunstancias y la parte que es de propia creación. Por muy mal que esté todo, siempre pueden estar peor, y eso es lo que hay que evitar. Minimizar el daño es reducirle a su mínima e inevitable expresión, lo cual requiere, como primer paso, aceptar que existe. El siguiente paso es la gestión del daño, que tiene tres partes:
  1. Decidir qué hacer cuando se sufre un ataque, una desgracia o una pérdida, o cuando la situación es crítica, estresante o traumática.
  2. Tener la presencia de ánimo para buscar soluciones, sin dejarse arrastrar por las emociones negativas y sin complicar las circunstancias con reacciones destructivas.
  3. Aprovechar la experiencia para fortalecer la personalidad, controlar mejor las circunstancias y prevenirse contra daños futuros.
La tendencia a empeorar las cosas está siempre presente, en gran parte, se debe a la confusión frecuente entre ser culpable y ser responsable. Responsable viene de responder; ser responsable quiere decir que, ante una situación difícil, el sujeto tiene el hábito de buscar salidas y soluciones. Sentirse culpable es juzgarse, criticarse y castigarse, generalmente para satisfacción de terceros, que esperan esa expiación por razones de dominio, justicia o venganza. Culpar a otros es una defensa contra sentirse culpable, una forma de hacer que la culpa cambie de sitio, pero sin poner en marcha la propia respuesta de responsabilidad para que la situación mejore o, al menos, no vaya a peor.
Los “parásitos de la mente” son pensamientos breves y automáticos que se disparan en situaciones de crisis, y que afectan profundamente al individuo sin que éste sea consciente de ello. La mayoría son comentarios o conclusiones erróneas, exageradas o distorsionadas, autocríticas o temores avivados a partir de un motivo real mínimo. En las personas afectadas por los “parásitos de la mente” todos los reproches y recriminaciones acumulados desde la infancia saltan a la menor oportunidad. Un enfermo típico, cuando algo se le cae al suelo, en lugar de limitarse a recogerlo y, como mucho, buscar la manera de reponerlo si se ha roto, entretiene ideas tales como “soy tonto”, “soy un torpe”, “que desgracia, lo rompo todo”, etc etc, Otro parásito favorito, que se dispara ante cualquier decepción es “Nadie me quiere, todo el mundo pasa de mi”. De todos estos hábitos destructivos, el peor es el “autoestrés”, tendencia a dar vueltas a todas las complicaciones y desgracias imaginables que podrían suceder, hasta generar un estado de agonía que procede, no de los problemas reales, sino de las fantasías que el paciente se hace sobre ellos. Agobiarse por estar agobiado, con razón o sin ella, es una forma de autoestrés, uno de los peores parásitos de la mente.

Las medidas más sencillas para minimizar el daño son:
  1. Desentenderse de la culpa y aceptar la responsabilidad (excepto en los jueces, cuya responsabilidad es encontrar al culpable)
  2. No empeorar las cosas
  3. Detectar los parásitos mentales y no permitir que sean operativos
  4. No desviar las emociones negativas hacia gente inocente.
  5. Parar el autoestrés
La primera expresión de la vivencia de daño son emociones negativas dolorosas, y la segunda estrategias defensivas para evitar la vivencia de daño. En muchos casos, los parásitos de la mente pueden entenderse como estrategias cognitivas para escapar de la vivencia de daño y no como causas primarias de alteraciones emocionales. Como son maladaptativas, no sólo no consiguen su propósito sino que perpetúan y cronifican los efectos del daño. Otras estrategias maladaptativas son las actuaciones impulsivas y la creación de conflictos interpersonales. La psicoterapia secuencial integrada considera los sentimientos como opiniones tomadas por la parte no racional de la persona, o, en términos neurobiológicos, como expresión de la actividad reactiva del sistema límbico o cerebro interno ante las circunstancias. Por esta razón, lo apropiado no es intentar deshacerse de ellos (lo cual no es posible) sino todo lo contrario, percibirlos en toda su pureza, absteniéndose de toda conducta que pretenda evitarlos, es decir, de las estrategias para evitar el sentimiento. El procedimiento es prácticamente imposible sin una cierta maestría de la segunda fase, mantener la calma. En la práctica de sentir el sentimiento las emociones dejan de ser una molestia desagradable, para convertirse en una fuente de información que puede ser cognitivamente procesada.

 
Cuarta fase: Comprender la situación.

 
Una vez que la víctima está centrada, sabe mantener la calma y no pierde tiempo ni energía en empeorar las cosas, está en condiciones óptimas para comprender lo que está pasando. Por lo general, toda situación crítica es el punto terminal de una secuencia, que, a su vez, forma parte de otra serie de secuencias interconectadas. Todo lo que pasa es el efecto de una causa, o de una intención, o del puro azar. Saber distinguir una cosa de otra requiere mucha calma, y es probable que sea necesario repetir varias veces las dos fases anteriores para lograr una cierta distancia de las circunstancias estresantes. La actitud cognitiva correcta es ponerse en un punto de vista externo, ver las cosas desde fuera, como si no tuvieran una implicación personal. Esto es relativamente fácil cuando las tres primeras fases están bien afianzadas, pero resulta imposible para quien está anegado por el miedo, el estrés o la ira. Las emociones negativas hacen ver las circunstancias desde dentro, estrechan la atención y desencadenan la respuesta de lucha-huida. Sólo en estado de calma es posible abstraerse del sufrimiento y analizar la situación desde una perspectiva amplia. Los procedimientos de mentalización ayudan a percibir y entender las intenciones y motivaciones ajenas y a protegerse de sus emociones negativas.

Mientras que la evaluación cognitiva de la situación es correcta y necesaria, es preciso recurrir además a otras dos fuentes de información que están siempre presentes y que son con frecuencia descuidadas por la mayoría de las terapias: La reactividad corporal y los sentimientos. El acceso y conocimiento de la primera se desarrolla ya desde la segunda fase de la psicoterapia secuencial integrada. El aprendizaje de la lógica de los sentimientos se inicia también en esta fase y se perfecciona en la tercera. En la cuarta fase se recurre tanto a la evaluación cognitiva como a la percepción de las respuestas somáticas automáticas y de los sentimientos. Es una aportación interesante de la psicoterapia secuencial integradora la descripción de cómo han de aplicarse los criterios para valorar y entender una situación. Estos criterios son cinco:
  1. Criterio corporal. Reactividad somática instintiva, como, por ejemplo, contractura de grupos musculares, presión o malestar en el pecho, vacio o tensión en el estómago, etc
  2. Criterio sentimental: Ansiedad, miedo, ira, rechazo, apego, tristeza y, en general, todas las opiniones del cerebro interno sobre las implicaciones de la situación en que se encuentra
  3. Criterio racional: El análisis lógico de la situación
  4. Criterio social: Costumbres, pautas de apreciación cultural, actitudes y modos de responder del grupo ante la situación
  5. Criterio personal: La integración de todos los criterios parciales anteriores en un modelo coherente de “que es lo que está pasando”. La labor del quinto criterio es conjuntar la información aportada por cada uno de los criterios parciales a través de percepción sensorial, sentir el sentimiento, lógica racional y motivación social para llegar a una formulación que los tenga a todos en cuenta.

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